sábado, 16 de agosto de 2008

UN EXTRATERRESTRE EN LA PISCINA




Para comprobar que Michael Phelps es humano hay que esperar a que salga de la piscina. En el agua es un animal acuático que se alimenta de récords del mundo y medallas de oro. Sus ocho preseas doradas elevan al estadounidense a la categoría de mito y bajan a Mark Spitz de un pedestal que se presumía inalcanzable. Desde hoy, la historia de los Juegos ya no tiene bigote.

Phelps no compite contra sus rivales. Nada para comprobar los límites del ser humano. Su actuación en el Cubo de agua de Pekín servirá para ilustrar la definición de hazaña en el diccionario, utilizado por sus adversarios para recordar el significado de la palabra victoria. No hay quien venza a Phelps en el agua. Ni siquiera enemigos tan poderosos como el cansancio o el miedo. Tampoco Laslo Cseh, Ryan Lochte o Miroslav Cavic, sometidos a la dictadura del 'Poseidón' de las piscinas. Llegar a la pared antes que Phelps es una quimera. El cronómetro siempre tiene una sonrisa reservada para el 'Tiburón' de Baltimore.

Puede ganar por aplastamiento o de forma épica. Solo o con ayuda de compañeros como Lezak, su ángel de la guarda en los 4x100 libres. El caso es convertir la piscina en un estudio de cine donde siempre gana el mismo héroe. No lleva capa pero podría ser Superman. Se llama Michael Phelps y es un extraterrestre con bañador.

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